Voz del alma.

Desde niño me gustó la artisteada, tuve contacto con las grabaciones de Javier Solís, Pedro Infante y José Alfredo Jiménez, ya adolescente tuve la dicha de aplaudir al gran Juan Gabriel en diversos foros y me imaginaba en un escenario aclamado por la audiencia, pero yo no tengo la aterciopelada voz de Javier, el carisma de Pedro, la inspiración de José Alfredo ni el gigantesco talento y creatividad del Divo de Juárez, aún así me he dado el lujo de aventarme palomazos en reuniones familiares y noches de bohemia con mis amigos, de mi repertorio hay una melodía que en especial me gusta y es muy solicitada para que el de la pluma la interprete: “Por qué me haces llorar”, de Juan Gabriel (mi artista favorito), el año pasado tuve la fortuna de ser invitado al cumpleaños de mi tía Carmen, y la citada melodía fue solicitada con una inmediata respuesta de mi parte, doña Carmen sonrió complacida y aplaudió mi interpretación, por desgracia el tiempo corre y no tiene amigos, no tiene miramientos ni compasión por alguien, mi tía enfermó y día con día su salud se deterioró al grado de no poder sostenerse por sí misma, la ultima vez que tuve la oportunidad de verla y estar cerca de ella, se alegró y me pidieron que le cantara, le tomé la mano y comencé con la melodía, mi tía en su debilidad sonrió, los presentes desviaron la mirada y comenzaron a llorar en silencio, mi corazón se partió en dos pero no podía ni debía dejarle ver que un nudo en la garganta me ahogaba la voz, esa tarde di mi mejor interpretación, como jamás antes lo hice y como jamás lo haré nuevamente, mi voz salió del corazón y no movió cuerdas vocales, era mi alma la que le daba vida y entonación, cualquier ovación de pie durante minutos, de miles de espectadores, no tiene el valor y la importancia de los segundos que esa sonrisa sincera de una amada persona a quien la vida se le escapaba, me brindó durante la interpretación, desafortunadamente tres días después mi tía murió, hoy en familia la acompañamos hasta su última morada, ella descansa en paz pero su ausencia deja un profundo dolor entre los que la conocimos y la amamos, repito las palabras de mi prima y espero me permita hacerlas mías: “y aunque tus ojos ya no se abrirán más, ¡sé que nos volveremos a encontrar en algún lugar! Te amo mi bonita”, que tengas buen camino de regreso a casa, te amo, tía Carmen.